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Global. El mundo se inmiscuye en un nuevo evento geopolítico de gran magnitud. La toma de acción directa de Estados Unidos sobre Venezuela con la captura forzada de Maduro explicita una “erosión del orden internacional” y abre las puertas a un futuro cercano lleno de volatilidad y tensiones.
Por un lado, los países que apoyan abiertamente a la democracia se limitan a “pedir que se respeten los Derechos Internacionales“, los cuales ya podrían haber sido vulnerados según varios internacionalistas (la intervención de un Estado Soberano, el ataque e invasión militar, la falta de aprobación de la ONU del movimiento “halcón”), podrían representar dos caras igualmente de intensas aunque antagónicas: la búsqueda de ponerle límites al EEUU personalista que hoy reina y, transversalmente, la intencionalidad de éste de mostrar poder.
No parecería inocente con las novedades que merodearon el hecho: Trump ya exige a Dinamarca el territorio de Groenlandia bajo amenazas. ¿Podría esta falta de diplomacia ser respondida de la misma forma desde las potencias opuestas?
En la pata de mercado, las empresas petroleras estadounidenses tuvieron una gran rueda, empujando el movimiento alcista de los índices. Esta buena perspectiva de que las mismas puedan encargarse del contenido del país con mayores reservas de crudo del mundo es, por lo menos, una respuesta táctica de mercado. En la realidad, el proceso demandará tiempo e, incluso, generar un efecto de equilibrio al contrastar con una caída del precio dada la nueva oferta en el mercado mundial (recordamos que Venezuela exportaba cantidades ínfimas para sus capacidades). Los bonos venezolanos también respondieron a las expectativas de un reordenamiento del país en crisis y default, con subas diarias entre 25% y 30%.
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